miércoles, 27 de abril de 2011

Premio de la Feria para Hebe Uhart





Una escritora secreta
26/04/11
IMÁGENES

Hebe Uhart


Feria del Libro
Hebe Uhart no parece muy de acuerdo con recibir el Premio Fundación El Libro al Mejor Libro Argentino de Creación Literaria. “¿Qué significa el premio? Qué difícil. Significa que ya me parece demasiado reconocimiento. Me parece un poco mucho y desmedido”, dice –modesta– ante la consulta de Clarín .
El premio, dotado con estatuilla para la editorial y 5 mil pesos para la autora, se lo ganó por su libro Relatos reunidos . El libro publicado en 2010 por Alfaguara cuenta con un prólogo de Graciela Speranza. Uhart publica desde hace años en prestigiosas editoriales como Adriana Hildago y Mondadori, pero publicar en Alfaguara le valió más espacios, lectores y reconocimiento. Ella, igual, lo relativiza. “Puede ser que una editorial movilice más. De todos modos, es un fenómeno que se va a dando a lo largo del tiempo”, insiste.
Nacida en Moreno, Uhart se graduó en Filosofía en la UBA y ejerció la docencia tanto en la escuela secundaria como en la universidad. Su vida transcurre desde hace años entre su ficción, sus colaboraciones periodísticas y sus talleres literarios. Dueña de una mirada íntima y subjetiva, su prosa fue elogiada públicamente por Fogwill, el desaparecido Haroldo Conti y Elvio Gandolfo, entre muchos otros.
El premio revaloriza un género a veces olvidado por los editores, siempre propensos a la irrefutable excusa de las estadísticas. “No venden”, suelen decir. Pero Hebe no está de acuerdo. “La gente lee cuentos. Yo tengo talleres y los alumnos vienen con cuentos leídos. No creo que sea tanta verdad que no se lean”, asegura.
El jurado del premio anual estuvo presidido por Mario Goloboff e integrado por Graciela Aráoz, Silvina Friera, Cristina Mucci, Susana Reinoso, Canela, Juan Bertazza, Maximiliano Tomas, Osvaldo Quiroga, Guillermo Piro y Máximo Soto, entre otros.
La entrega oficial del premio –la única participación que Uhart tiene prevista para esta Feria– será el próximo miércoles 4 de mayo, a las 18, en la Sala Roberto Arlt.
En años anteriores recibieron el premio Diana Bellessi, David Viñas y Hugo Padeletti.
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sábado, 23 de abril de 2011

FERIA ENTREVISTA A LA ESCRITORA MEXICANA MARGO GLANTZ






“Me preocupa el cuerpo en todos sus contextos”
La notable autora, de la que se ha publicado recientemente su obra reunida, subraya que su obsesión ha sido siempre “el cuerpo erótico, el cuerpo violentado”. Sus textos, ajenos a toda complacencia estética, desarticulan cualquier frontera genérica.







Por Silvina Friera
Los “engendros” magistrales de la escritora mexicana, la mujer que se obsesiona con el cuerpo –los pelos, el pie o los dientes–, desarticulan fronteras genéricas. Su literatura, bellamente fragmentaria, elusiva a la clasificación que fosiliza muchas veces las interpretaciones, obligaría a inventar un género en sí mismo: el género Margo Glantz. Aunque tal vez, una vez permitido el artilugio “teórico”, seguramente ella, una hormiguita viajera que a los 81 años sigue desplazándose de un continente a otro como si tuviera 20, se las arreglaría para superar esta etiqueta. Para que envejezca tan rápidamente como se la proclama. En el prólogo a su Obra reunida (Fondo de Cultura Económica), Glantz plantea que hablar sobre su propia escritura es “difícil”. Lejos de la reticencia que supondría esta confesión, la autora de Las genealogías y Saña, entre tantísimos textos, cultiva una oralidad deliciosa, labrada con su excepcional sentido del humor, a la hora de entregarse a repasar su vida y sus libros. Lo podrán comprobar quienes asistan hoy a la 37ª edición de la Feria del Libro. En la sala Roberto Arlt, a las 19, la escritora mexicana dialogará con la poeta Tamara Kamenszain.

“Una sutil trenza dorada –para empezar con una metáfora cercana a su poética– recorre los textos que Glantz ha venido escribiendo por lo menos desde los años setenta –subraya la crítica argentina Celina Mazzoni–; podría decirse de ellos que constituyen un texto único aunque no en un sentido próximo al que fue adjudicado tradicionalmente al modelo balzaciano.” Carlos Monsiváis ha dicho que la escritora mexicana “ha creído en el placer inagotable del texto”. Glantz deslumbra con esa trenza dorada, íntima, profunda y fresca, que se alimenta de sí misma. “No sé si es una escritura fresca, eso depende de la lectura; la reviso tanto que acaba dándome náusea: deja de ser fresca. Es una saturación, en última instancia, que me sorprende a mí misma. Quizá me sorprende que pueda escribir; siempre pensé que iba a escribir pero que iba a dejarlo para más tarde. Empecé a escribir bastante tarde, y sin embargo fue algo completamente natural que no sé si me sorprende todavía”, dice Glantz a Página/12.

–¿Por qué postergó tanto la escritura?

–Lo que escribía no funcionaba dentro de las estructuras tradicionales. Un profesor al que le llevaba mis textos me dijo: “Escribes bien, pero todo parece perlas sueltas, falta hilvanarlas”. Me quedé con la idea de que eran cosas muy aisladas que no tenían asidero. Luego me di cuenta de que ese era el sentido de mi escritura, trabajar los fragmentos y darles formas, junto con otros fragmentos que aparentemente no tenían ninguna conexión. Trabajo coleccionando cosas, pequeñísimas a veces, que son obsesiones mías y que aparentemente no tienen ninguna relación. En un momento dado, ese conjunto de pequeñas frases o de pequeños textos que voy escribiendo van teniendo una relación oculta, misteriosa entre sí, que ni yo misma sé exactamente qué es, pero que de última instancia acaba conformando una textualidad.

Las genealogías, publicado en el país por Bajo La Luna, fue un libro que se inició como folletín. “Yo tenía una columna en el periódico unomásuno y publiqué un texto sobre un acontecimiento familiar complicado –recuerda Glantz–. A la gente le interesó mucho, y me pidieron que siguiera escribiendo sobre esos temas. Y decidí que iba a entrevistar a mis padres para hacer pequeños textos y poco a poco se fue organizando un libro. Y mi vida también. Porque me di cuenta de que empezaba a conocer a mis padres, su pasado en Ucrania, en la Unión Soviética, de dónde venían ellos, qué tipo de mundo conocieron que yo desconocía, qué significado tenía que yo hubiera nacido en México.”

–En Las genealogías cuenta que a veces su padre corregía la infancia de su madre. ¿Corrigió los recuerdos compartidos, aquellos en los que usted ya era testigo?

–Yo transcribí las grabaciones; era evidente que era necesario reestructurarlas, darles un hilo conductor, porque si no perdían todo sentido; eran textos que necesitaban organizarse para que tuvieran un significado más completo. Muchas veces agregaba cosas que pensaba que ellos pensaban. Así que en ese sentido, quizás corregí la memoria de mis padres.

–En ese libro recuerda también el azar que hizo que un barco holandés con sus padres a bordo llegara a México, cuando en realidad el destino final era Estados Unidos. ¿Qué impacto tuvo esta cuestión del azar?

–Ese azar rige todas las migraciones, porque la gente que migra probablemente tenga un destino definido, pero ese destino puede cambiar a lo largo del trayecto. En el caso de mis padres, podrían haber llegado a los Estados Unidos, porque mi padre –que tenía familia en Filadelfia– recibió dinero para irse con mi madre y dos hermanas de mi padre, para que tomaran un barco rumbo a Filadelfia. En el trayecto, un poquito antes de que iniciaran el viaje, se decretó una ley que ponía una cota para los inmigrantes en Estados Unidos: sólo los padres podían entrar. Cuando mis padres tomaron el barco, sabían que se dirigía a América latina, que pasaría por Cuba y Veracruz (México). Al llegar a Cuba, advirtieron que si les daban diez dólares más podrían llegar a México; entonces el capitán del barco les dio diez dólares y yo nací en México (risas). Yo conocí a la familia materna en el año ’81, poquísimo antes de terminar el libro, porque decidí que no podía terminar Las genealogías si no conocía la tierra donde habían nacido mis padres, ver un poco el paisaje, escuchar el idioma, sentir la comida, los olores. Corroboré que las famosas estepas de las que hablaba mi padre, que era poeta, no tenían nada que ver con las estepas que me imaginaba. Yo fui la única que me atreví a ir a la Unión Soviética y conocer a mis primos hermanos.

Como acostumbra, Glantz evoca ese encuentro con la punta de lanza de su exquisita ironía, que le permite exprimir sonrisas y carcajadas donde abundan las lágrimas. “Cuando llegué a Odessa, me alojé en un hotel que estaba en la calle Lenin, pero mis primos vivían en la calle Marx. Llegué, toqué el timbre y me abrió la puerta una señora. Yo no hablaba ruso, hablaba muy mal idish, y le dije en español: ‘Mi, Margo Glantz’. Nos besamos, nos abrazamos; me llevó a la casa, que era muy pequeña, muy precaria. Tenía una mesa en la sala y debajo de un vidrio estaban las fotografías de mi hermana mayor y la mía. Somos cuatro hermanas; las dos menores no merecieron tener una vitrina en la casa de mi prima. Pero yo me vi en esa foto, cuando tenía cuatro o cinco años, con la cabeza llena de rulos. Me emocioné mucho; las dos nos pusimos a llorar. Eso fue una unión de lágrimas.”

–Ha confesado que es una gran llorona, ¿no?

–Ahora ya no lloro, pero lloré mucho de chica. Mi padre decía que había nacido en un campo de cebollas (risas). Pero luego la vida me endureció.

“A mí nunca me gustó mi nombre –se lee en Las genealogías–. Abundan las Margaritas en la literatura nacional como lo demostró muy bien Gabriel Zaid: Margarita Gautier, Margarita Ledesma, Margarita está linda la mar...Margarita Glantz, Margarita (...) Tarareo la letra del tango: ‘Ya no sos mi Margarita, ahora te llamás Margó’ (...). Además, cuando me dicen Margarita siento que sigue el regaño, también la lenta y progresiva mutilación de los pétalos, y la monótona letanía de si me quiere mucho, poquito, nada, y vuelta a empezar”. Glantz vivió su infancia en un barrio pobre de la ciudad de México. Su padre, un poeta en lengua idish, tenía una zapatería. Cuatro hermanas dormían en una única habitación. “Para poder sobrevivir leía muchísimo a Julio Verne o a Alejandro Dumas y escuchaba tangos. Rosita Quiroga, por ejemplo, era mi adoración. Esa canción maravillosa, ‘Negro mío... tarde comprendí tu inmenso amor...’; desde los diez años la llevo en mi corazón”, reconoce la escritora.

–El viaje es muy importante tanto en su vida como en su literatura. Alguien que viaja constantemente, ¿cómo compatibiliza ese moverse con escribir, cuando la escritura se supone requiere reposo, quietud, estar en un lugar?

–A veces estoy en mi casa (risas). Tengo una cualidad muy grande y es que cuando viajo escribo. En mis viajes, todos mis compañeros lo primero que hacen frente a un lugar, no importa cuál sea y en dónde sea, es sacar una cámara. Casi no ven los lugares por sacar fotos. Lo que siempre hago es escribir diarios. Y esos cuadernos de viaje sirven para una escritura más organizada. Trato de transcribir esas anotaciones lo más pronto posible, porque mi caligrafía es tan mala que a veces no entiendo lo que escribo. Otra cosa que ha sido un asidero es la colaboración periódica en los diarios, que me obliga a escribir. Por más que esté en movimiento, me detengo un momento y me dedico una mañana a pasar mis notas. Esto me ha permitido combinar el estatismo con el dinamismo de una manera mucho más coherente.

–¿Cómo explicaría esa obsesión que tiene con el cuerpo?

–Siempre he tenido interés por el cuerpo erótico, el cuerpo violentado. He sido profesora en la universidad por más de cincuenta años, y uno de los temas que me ha preocupado es el cuerpo en todos sus contextos: el cuerpo erótico y el cuerpo enfermo, el cuerpo fragmentado. He trabajado mucho a Sor Juana Inés de la Cruz y a las monjas de su entorno. El cuerpo femenino en los conventos es sometido a un intenso trabajo de deconstrucción, de violencia, para que ese cuerpo se convierta en un cuerpo santo, hasta perder todas las características de lo femenino, porque se pierde hasta la menstruación por las flagelaciones. Después de que han acabado con su cuerpo, pueden empezar a ser místicas. Ese tipo de relación entre la mística y la ascética y los ejercicios corporales que las monjas hacían las obligaba a concentrarse en el cuerpo y encarnizarse contra él.

–¿Quizá le interesó tanto el cuerpo porque no había sido trabajado literariamente?

–Creo que sí ha sido trabajado, pero el cuerpo femenino era un cuerpo objeto. Trabajé muchos escritores, Flaubert, Balzac, Stendhal, para los cuales el cuerpo femenino era el territorio de la ficción. Cómo se veía ese cuerpo, cómo se atendía, cómo se escribía, cómo se fragmentaba, fue uno de los objetivos principales en mi docencia. Es un tema que me obsesiona profundamente; a medida que fui fragmentando el cuerpo, lo fui destazando en mi propia literatura. Tengo textos en donde el pelo es el protagonista; en otros los senos, los pies. Ahora estoy escribiendo un libro sobre los dientes. ¿Por qué esa obsesión con el cuerpo, con la fragmentación del cuerpo? No lo sé explicar muy bien.

–¿Cómo fue su ingreso a la Academia de la Lengua Mexicana? ¿Es un ámbito que sigue mirando con cierta desconfianza su literatura?

–Sí, creo que la sigue mirando con desconfianza. Cuando entré a la Academia, al poco tiempo salió Apariciones, un libro erótico en donde la sexualidad está trabajada de una manera muy descarnada, y el presidente de la Academia me dijo: “Margo, ¿por qué escribes esas cosas tan feas, tú que eres una muchacha tan buena?” (risas). Estar en la Academia es un honor, pero también un aburrimiento.

–¿Qué es lo que la aburre?

–La Academia es como una morgue. Cuando llegué había una cantidad de gente que se iba muriendo, entonces creía que me iba a morir pronto. No sé si me produce terror o aburrimiento... Aburrimiento por la cantidad de muertos; terror porque voy a ser la próxima (risas). Soy muy poco académica.

viernes, 15 de abril de 2011

Clases de Teoría y Crítica Literaria II: quiero que me cuenten las aventuras de sus almas



En la clase pasada, el 12 de abril:

La clase del 11/0
4 Comenzamos debatiendo el artículo de BORIS EICHENBAUM (http://en.wikipedia.org/wiki/Boris_Eikhenbaum y http://www.humanas.unal.edu.co/img/Nuevo/literatura_teoria_historia_critica/6/6_trad_1.pdf ) en el cual sintetiza las ideas de los formalistas. A partir de las consultas y cuestionamientos del profesor Paez, se hizo una comparación entre la división del texto en contenido y forma contra la cual avanza el formalismo y la mirada de una filosofía que separa al hombre en cuerpo y alma.

Para la próxima clase seguimos debatiendo el formalismo ruso

El trabajo de este año


Según Anatole France: "El buen crítico nos cuenta las aventuras de su alma a través de una obra maestra". No olviden la tarea que tienen: escribir en sus bitácoras de lectura todo lo que piensen, asocien, sientan, como dice Barthes en su Crítica y verdad (reseñado en el Panorama del desarrollo... en este mismo blog): "Hacer una segunda escritura con la primera escritura de la obra es abrir el camino a márgenes imprevisibles, suscitar el juego infinito de los espejos..." porque "Leer es desear la obra...Pasar de la lectura a la crítica es cambiar de deseo, es desear, no ya la obra, sino su propio lenguaje...es remitir la obra al deseo de la escritura, de la cual había salido. Así da vueltas la palabra en torno del libro: leer, escribir: de un deseo al otro va toda la literatura".

La idea, ya lo saben, es que todos comiencen a escribir un cuaderno en el que vayan redactando en detalle aquellas reflexiones sueltas que se les ocurran mientras leen/ leemos los textos. Aquellas notas en el margen hechas al pasar se vuelcan luego en un cuaderno personal. Lo que piensan, lo que sienten, con qué establecieron relaciones (otros textos, anécdotas, sucesos personales, una película, una foto). Se trata de ir escribiendo semana a semana una suerte de diario personal de las lecturas que vamos haciendo en clase. Luego el trabajo seguirá en sucesivas elaboraciones de ese material. ¿Cómo seguirá? esperen. A su tiempo van a descubrirlo.

Las clases de Teoría y crítica literaria en el segundo año




El 14 de abril de 2011, analizamos el cuento "Emma Zunz" para recorrer dos relatos diferentes: el narrado y el de la narración. Este narrador fugaz que aparece por momentos detrás de de una primera persona del plural como una suerte de testigo de las voces que alguna vez retuvieron esa historia, una especie de investigador y rastreador de una crónica a la cual le faltan datos. Por momentos sabe, por momentos imagina para reconstruir. La historia del narrador y de su narratario va por debajo de la historia de Emma Zunz y su venganza.

Por la tarde analizamos el cuento de Cortázar "Usted se tendió a mi tu lado" para observar un doble narratario-personaje.
Leímos "No se culpe a nadie" que analizaremos el jueves 28. Recuerden traer las cartillas o lo que deseen analizar en clase.
Felices Pascuas a los creyentes y buen descanso para todos.


Recordamos las primeras clases:






7/04 En esta clase analizamos varios poemas de Oliverio Girondo, unas estrofas del Martín Fierro que remiten a los cantares de gesta, dos cuentos de Cortázar: "Continuidad de los parques" y "La noche boca arriba".

A través de estas lecturas estuvimos trabajando el tema del narrador y el narratario, el sujeto lírico, la voz y la mirada y los aspectos que nos pueden guiar en el análisis y la interpretación del texto literario como los aspectos visuales del poema, las estrofas, los versos, los elementos que marcan el ritmo.
No olviden ir leyendo la bibliografía obligatoria del programa Por el momento hicimos referencia a los textos de Poe, Filinich, Barthes y Tacca.

del 24 al 31 de marzo: Durante los primeros módulos de T y C en el segundo año, todos estuvieron recordando y contando sus primeras experiencias con los libros. De qué manera la lectura los había ido atrapando. La voz del padre a través de la lectura de un cuento infantil, la recuperación de la infancia, el refugio para huir de los problemas familiares, la censura de los mayores, el desafío de algo que se presentaba como misterioso, la voz de un hermano que recita versos oscuros que producen temor y placer al mismo tiempo.
Lo prohibido, lo oscuro, lo difícil, la muerte, lo perdido, la falta. A veces, hasta lo obligatorio.
Nada de lo relatado se parece mucho a las condiciones que alguna pedagogía trasnochada pretende imponer en las escuelas.
Las historias narradas nos remiten más bien a la Poética de Aristóteles, a la catársis que producen el horror y la piedad.
Alguien recordó una rima sombría de Becquer, "Cerraron sus ojos" (pueden escucharla aquí: http://www.youtube.com/watch?v=zdZLWNbtGk8&feature=related ).
Reconocimos el tema romántico: recordamos a Poe y "El cuervo" y sugerimos (o mejor dicho, dijimos que era parte del programa y de la bibliografía obligatoria) leer ese poema de Poe y su artículo "Filosofía de la composición".

Aquí Vincent Price recita el poema subtitulado: http://www.youtube.com/watch?v=XXSbafnPsiU
Otro recitado: http://www.youtube.com/watch?v=sXU3RfB7308&feature=related
y Homero Simpson también lo recuerda:http://www.youtube.com/watch?v=VI2WfwRBOmE&feature=related
En cuanto a la "Filosofía de la composición": una referencia en Wikipedia que remite a varias ediciones, una en especial al cuidado de Julio Cortázar: http://es.wikipedia.org/wiki/Filosof%C3%ADa_de_la_composici%C3%B3n
Allí mismo encontrarán un enlace al texto completo en inglés y en español.

Aquí una reminiscencia local para los que aman el tango,para que vean que el tema romántico siempre sigue vigente: http://www.youtube.com/watch?v=3rV48u-3f1A

En este blog, el escritor, médico y psicoanalista Carlos Chernov alude a ese ensayo de Poe en un texto en el cual explica su propio cuento "La composición del relato" de su libro Amores Brutales.

Leímos y analizamos el poema de Becquer y después leímos y analizamos un par de cuentos de Cortázar.

Terminamos de leer "La noche boca arriba" sugerido por alguien a quien el cuento le había provocado zozobra.

lunes, 21 de marzo de 2011

Programa de teoría y crítica literaria II para 2011



(En memoria del artista Eduardo Santellán)


Presentamos a continuación la propuesta para el año 2011.

Esperamos sus comentarios para agregar aspectos que puedan interesar a quienes deseen cursar el próximo año:


TEORÍA Y CRÍTICA LITERARIA II AÑO 2011

PROGRAMA


FUNDAMENTACIÓN
Creo que el trabajo con colegas que implica una cátedra en una licenciatura debe superponer y confundir los momentos de la asimilación y la exposición. Ya hemos dicho, en la fundamentación de la Teoría y Crítica Literaria del segundo año, que no es la solución de los problemas lo que se persigue sino más bien su formulación. Compartir un espacio de reflexión y discusión en el cual puedan plantearse problemas relativos al objeto de estudio. Para el año 2011, presentamos una selección de textos que brinden un panorama de algunas de las teorías literarias más importantes del siglo XX que conforman las líneas maestras de la teoría y la crítica contemporáneas. Los criterios prevalentes para la conformación del programa fueron la representatividad de los autores seleccionados y el interés intrínseco de los aportes metodológicos o conceptuales. Hemos dado mayor peso al Formalismo, el Estructuralismo y la Semiótica a causa del predominio de estas teorías en el siglo pasado tanto en sus formulaciones como en las derivaciones que produjeron pues no existen teorías contemporáneas solventes que no supongan las bases de la lingüística Saussureana y el formalismo ruso.

OBJETIVOS

Plantearse preguntas alrededor del fenómeno que llamamos literatura.
Presentar las líneas directrices del pensamiento teórico del siglo pasado y algunas de las principales tendencias y escuelas críticas que derivaron de aquellas.
Establecer problemáticas que surjan a partir de la reflexión y discusión sobre la formación, transmisión y circulación de textos literarios.
Reflexionar acerca de las formas de la literatura y sus principales problemáticas en las teorías del siglo XX.
Debatir acerca de cómo se imbrican las distintas corrientes de estudios literarios.
Realizar ejercicios de análisis del discurso literario.
Elaborar textos teóricos y críticos.
.
CONTENIDOS

Discusión y planteo de problemas generales: objeto de estudio, disciplinas que lo abordan, puntos de vista, teorías.
Lectura, análisis y discusión de estudios teóricos y críticos que representan las principales corrientes del siglo XX.
El método formal. El análisis estructural. El dialogismo. El problema poético. La estilística. Postestructuralismo y deconstrucción. La crítica marxista. Los aportes del psicoanálisis. Los arquetipos. El ensayo literario.

viernes, 4 de marzo de 2011

Colabora hoy, la escritora Perla Suez


LA PASAJERA
Perla Suez





El río era todo el tiempo, todo...
Todo nacía de él, o venía a él......
Juan L. Ortiz
Acto I






La vieja que camina con paso rápido y firme tiene sesenta y siete años; y pertenece a un mundo que ya no existe. Es alta, el cuerpo huesudo, lleva erguida la cabeza, el pelo corto. En una mano lleva un bolso y en la otra la cartera. Mira la calle desierta y camina en dirección al río.
El cielo está blanco. El empedrado, mojado. Una extraña calma roza la costanera.
La vieja se detiene, vacila, y mira unas calabazas que están colgadas de las ramas de un ceibo y se mueven con el viento.
Se dirige al muelle donde están las lanchas que cruzan pasajeros a las islas.
Tiene tiempo de sobra.








Mi nombre es Tránsito, el mes pasado cumplí sesenta y siete años, y soy la persona a quien la señora confió su casa durante más de cuarenta años. La mansión que hizo construir su marido, está en lo alto, al borde de la barranca. Desde allí se ve el río.
Hace un rato volvimos del entierro de mi patrón y todavía escucho sus pasos resonando como si estuviera aquí. Lo veo flaco, con su uniforme y esos ojos de pájaro controlando todo. El aire huele a flores de velorio.

No puedo quedarme quieta. Ando por la casa con esta opresión que tengo en el pecho y pesa como una piedra. Doy vueltas sin encontrar qué hacer. Tengo un zumbido en la cabeza. Las paredes están frías. El piso de madera chirria. Lo peor ya ocurrió: el señor murió.


La señora descansa en su pieza. Hace años que no sale de la casa y hoy tuvo que salir a la fuerza.








La casa está aislada.
Sus dueños trajeron de Europa los planos copiados de un château que vieron en el sur de Francia. Los gobelinos, la chaise longue y el mullido bergère, entre otros muebles, también llegaron en barco.
De Italia, la fuente de mármol de Carrara que hay en el jardín llena de peces colorados.



Mi hermana, Lucía, vive conmigo, es una buena cocinera, limpia y atenta. A lo largo de los años aprendió a moverse en silencio, con calma; casi como si fuera imposible adivinar qué piensa.
Ella tiene otro modo de ver las cosas. No se preocupa por lo que pueda ocurrir, vive sin hacerse problemas. Ojalá yo fuera así. Pero no. Yo no me conformo, quiero otra cosa para mí.
Cuando vivíamos en la isla la picó una vinchuca y por eso sufre del corazón y a veces anda adormecida y desde entonces que tiemblo de pensar que se muere. Después dicen que no hay vinchucas en el Delta.
Siempre pienso que tenemos que estar preparadas para el día en que una de las dos falte. Estuve tantos años al lado suyo, torturándome con su enfermedad, con qué va a ser de mí si ella se muere, adónde voy a ir sin Lucía, pero una nunca sabe. Hace un tiempo que ando con miedo a la muerte porque me parece que se la quiere llevar.



La vieja entra a la cocina y le dice a la cocinera,
Tengo sed.
Lucía agarra un vaso, lo llena con agua de la canilla y se lo pone sobre la mesa.
La vieja toma el agua de un solo trago; cuando termina, respira con alivio. Se sienta de espaldas a su hermana, frente a la puerta abierta de la cocina que da al jardín, se queda mirando la fuente de mármol rodeada de cipreses y le dice,


Tuve un sueño, hermana.
Lucía lava el arroz y la escucha.
Jugábamos en el monte con Beatriz detrás del rancho y te vi que le decías un secreto al oído, tu cara no era tu cara, y Beatriz me miró con los ojos grandes, se tapó la boca y vos te reíste. Yo te pedí que me contaras, a mí también, pero dijiste que no y las dos salieron corriendo.



La vieja se pone de pie y le dice a la hermana que tiene que volver con la señora.
Lucía le pregunta,
¿Querés que me quede un rato con ella?
Si te necesito te llamo.
La vieja sale de la cocina.
Lucía se da vuelta, la mira irse y piensa en esa tarde cuando jugaban detrás del rancho con Beatriz, y ella le dijo al oído algo que prometió a su madre no repetir.


La puerta de la pieza se abre y Tránsito entra con una bandeja en las manos. La señora está acostada en la cama, boca arriba, tiene los ojos cerrados. Dice, con voz ronca, que deje la pastilla y el jugo de naranja en la mesita y que al salir cierre la puerta.
La sirvienta escucha un zumbido sordo que le golpea los oídos y se abalanza sobre la señora, le tapa la cabeza con la almohada y se la aplasta contra la cara. La señora gruñe, patalea, se defiende con las manos, con las uñas.
Tránsito no escucha nada. No piensa en nada. Concentra sus fuerzas en los brazos y sigue empujando la almohada, aprieta un rato hasta que el cuerpo se afloja y queda quieto. Los huesos y los músculos de la señora se van soltando despacio.
Tránsito saca la almohada y ve que la patrona tiene los ojos abiertos, la boca también, como si fuera a decirle algo. Un brazo le cuelga casi hasta el suelo.
La sirvienta la endereza y le apoya la cabeza sobre el respaldo de la cama.
Murmura,
Me costó hacerla callar.
Deja alineadas las pantuflas de la muerta a los pies de la cama y sale.
Baja al comedor, saca del revistero un Para ti, se sienta con la revista, la hojea; los ojos le pesan y al cerrarlos, a ella, a Tránsito, le parece que por un momento, no está más en el sillón.



El señor dirigió una flota de barcos pero ha muerto solo como un perro. En el último tiempo pesaba treinta y dos kilos. Dicen que uno se va como vino y que irse dura un momento; no estoy tan segura de eso, quizás se pueda volver por otro camino.
La señora me encajó el cuidado del patrón y eso fue demasiado. Yo pensaba, una vieja como yo no puede hacerse cargo de un moribundo, mucho esfuerzo, no daba más. Rogaba, Dios mío, que se vaya de una vez. Y él no se terminaba de morir.



Me desperté, con la boca seca, sentada en el sillón del comedor, el Para Ti en las manos, y vi en la pared al señor y la señora y toda la familia estaba colgada allí, fija, mirándome en ese cuadro.
Sentí vergüenza.


Dejo todo en orden. No debo nada.
Al fin voy a escaparme de este encierro.
Debería ir a que me corten el pelo y me tiñan las raíces. No puedo volver con esta cabeza.


Al rato la vieja sale por la puerta principal. Baja por el empedrado y camina en dirección al río.
Va hacia el embarcadero que está a trecientos metros de la casa. En una mano lleva un bolso y en la otra la cartera. Del cuello le cuelgan las llaves de la casa y una bolsita de franela gris.
Avanza. Llega al muelle donde están las lanchas que cruzan a las islas. Se acerca a la ventanilla con paso firme, piensa que al fin puede decidir qué hacer. Abre la cartera, saca el dinero y cuando va a pagar el pasaje se arrepiente y regresa a la casa.

Para leer un poco más: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-10726-2008-07-25.html
http://www.cuentomilibro.com/la-pasajera/47
http://oficinadeletras.com.ar/2010/07/perla-suez/

¡Agradecemos a Perla Suez su colaboración con nuestro blog!

jueves, 24 de febrero de 2011

Colabora hoy, el poeta Aldo Luis Novelli




Del libro inédito:
jazz en el desierto
(otros estúpidos mirones)



el ocaso de los ambiciosos

hice horas extras y trabajé de noche en un lavadero
para conseguir la guita necesaria
entonces alquilé un martillo neumático
coloqué un cartelito en medio de la calle
que decía: “busco oro”
y me puse a taladrar el asfalto.

se acercaron un montón de curiosos.
después de partir el asfalto
agarré la pala corazón
y empecé a cavar.

vinieron la policía, la ambulancia y los bomberos.
hice un pozo profundo
que me tapaba completamente.

vino un diputado de la nación
un juez y el fiscal de turno.
a los siete metros de profundidad
en una palada apareció repentinamente
una pepita de oro
que brilló en el fondo oscuro terroso
ORO! gritaron todos
y se arrojaron de cabeza al pozo
allí fueron curiosos transeúntes
policías políticos paramédicos
bomberos jueces y abogados.

yo escapé por un tunel lateral
que había cavado al efecto.

ahora camino por el centro de la calle ríendo
mientras revoleo por el aire
mi brillante roca de pirita.


poetizar la rosa

el muchacho con una herida en la frente
y fuertes dolores en el cerebro
arregla el cantero de rosas rojas
le pone toda su sapiencia a esa tarea
o tal vez su amor reprimido
por tantas mujeres.

yo no quería hablar de rosas rojas.

la niña abrazada con fuerza a su mamá
viaja en esa pequeña motocicleta
camino a la escuela
la madre ruega por que ella preste atención ese día
la niña con una flor blanca en su mano
sufre con secreta desesperación por llegar sin caerse.

yo no quería hablar de flores para festejar la enseñanza.

el albañil parado sobre el andamio
del quinto piso del edificio interminado
se inclina apenas hacia atrás
para observar el fino reboque que está fratachando
como si fuera el pétalo de una rosa de cemento
y en un instante de muerte
parece volar como esa gaviota que cruza el aire.

yo no quería hablar de rosas rojas derramadas en la calle.

el hombre camina apurado entre la gente
para regresar a tiempo a la oficina
solo piensa en como recuperar el amor de esa mujer
y va a ocupar su tiempo para el almuerzo
en comprarle un ramo de pimpollos a ella.

les aseguro que
yo no quería hablar de rosas rojas.


el viento que acaricia el pasto


pesadilla adolescente
a la edad de los sueños.

buscando flores azules en el desierto
como tus ojos
para que sepas de mí
para que me veas
para que me ames
a los diecinueve años.

sueño inesperado
en el tiempo del retorno
me acerco a tu espalda
y te alejas de repente hasta la otra esquina.

“sabés lo que hace falta acá
una mano dura
eso/ una mano dura...”

ay! país país que te hicieron!.

ya la tuvimos
te acordás?
30.000 desaparecidos
el terror que persiste
vos que cerraste la ventana para no ver…

“pero si es Marito
lo conocemos desde que nació
porque se lo llevan en plena noche?”
“basta, no te metas
no seas estúpida
en algo andaría”
y vos cerraste la ventana.

ay! país, país que te hicieron!.

corro desnudo por el desierto
llevo una flor azul apretada en la mano
para vos, para ver tus ojos brillar
tus ojos que no son azules.

- eran todos subversivos, terroristas eran,
los milicos hicieron lo correcto –
- eran pibes y pibas que querían un mundo mejor viejo –
- tira bombas eran –
- no es cierto, luchábamos por democratizar la universidad
por la libertad de expresión
por el amor libre
por la maravillosa utopía de la igualdad entre los hombres –

ay! país, país que te hicieron!.

- y vos que hacías cuando te agarraron? –
- repartía volantes en la calle –
- y bueno, jodete, a la universidad se va a estudiar -.

ay! país, país que te hicieron!.

necesito el agua de tu boca
una cerveza fría del viejo bar
tengo sed de infinito y hambre de tu cuerpo mujer
no escapes más
mi hembra de líquidos sueños
te voy a correr por todo el planeta
para regalarte la única flor azul
de este paraje desolado.

“las madres de subversivos
son subversivas
hay que matarlas
y matar a sus hijos en sus vientres
antes que nazcan más subversivos”.

ay! país, país que te hicieron!.

y hoy sigo aquí/ solo
de pie en medio del desierto
junto al viento que acaricia el pasto
apretando en la mano
esta flor azul ya marchita.





asado argentino

a Mario Trejo

hemos hablado toda la noche
de lo humano y lo divino,
arreglamos el mundo por enésima vez
y lo desarreglamos en cada copa de vino,
fue un asado anochecido entre viejos amigos
que renovó su apetito a las tres de la mañana.

hablamos de música celestial
de pink floyd, del tango del arrabal
y del tanguito de la cueva.
de Nietzsche y el eterno retorno a las viejas palabras
de hegel y la libertad de pensamiento
de la revolución cubana, la igualdad
y la eterna revolución argentina.
discutimos sobre la fraternidad del futbol
y nos separamos en dos bandos
boca, los rolling, charly
versus
river, los beatles, spinetta.
cuando nombramos a las mujeres y sus dones
nos pusimos todos del mismo lado.

finalmente hablamos de poesía
acordamos que la palabra “perro” no muerde
pero cuando es verdadera ladra muy fuerte
y que siempre es mejor
palabra en boca del bruto libre
que el silencio del poeta ante la muerte.

hasta que la madrugada nos encontró
con los estómagos ahítos de carne roja
y embriagadas nuestras almas de oscuros vinos.


el repartidor de agua

manejé un camión por varios años
un inmenso Scania de 24 ruedas
con un tanque de 2000 litros de líquida carga
con el que recorría el inacabado desierto del sur
repartiendo agua bendita
a los habitantes de la estepa.

llevaba conmigo biblias y crucifijos
para los más devotos
y miles de estampitas
con la imagen de 253 santos
cada uno retratado junto a mí.

fue una época gloriosa
cada pueblo me veneraba
como Nápoles a Diego
me invitaban a su mesa
bebía los mejores vinos
y comía las porciones más apetitosas de las bestias:
corderitos, chivos, jabalíes y ciervos
manjares que otorga sin pecado la fe,
y las mujeres más religiosas y devotas
me ofrecían voluptuosamente sus dones
mientras cantábamos en pleno éxtasis el aleluya.

fue un tiempo milagroso
donde la humanidad tenía el espíritu
inmerso en la fe divina
y creía firmemente en la salvación
que llegaba envuelta en una nube
de polvo y arena.


los reyes magos son chinos

a Alberto Carlos “Gary” Vila Ortiz
otro día insufrible
el laburo siempre la misma mierda
y esta casa vacía
los fantasmas de siempre corriendo
por las habitaciones
me sirvo otro whisky
el último
la botella quedó vacía
prendo la PC
voy a verla nuevamente
es mi amante secreta
he visto este video mudo cientos de veces
pero me habla a mí, estoy seguro
ah! Mónica, Mónica Bellucci
solo yo te amo de esta forma
si solo pudiera decírtelo
enviarte mis poemas que hablan del hambre
de un mundo desquiciado
pero en realidad son para vos
siempre hablaron de vos
tal vez alguien sepa en la red tu mail
podría lanzar un grito de auxilio…

basta, esto es inútil
apago la máquina
miro el reloj
5 de enero, noche de reyes
que carajo!
los reyes no existen, nunca exisitieron
pero yo sigo creyendo en ellos
como cuando tenía 7 años
hasta que lo supe
casi muero
nunca más le hablé a mi vieja desde ese día
nunca como antes
nunca después de abandonarme en la oscuridad
mi vieja mentía
era una más, una persona.

estoy medio borracho
me voy a acostar
dejo los zapatos junto a la puerta de entrada
quiero creer en las viejas utopías socialistas
cierro los ojos sin dormirme
espero verlos finalmente.

me despierta una conversación soterrada
Melchor le dice a Gaspar
“acá que era? el libro o la mujer inflable?”
“vos tenías que encagarte de la lista le grita por lo bajo a Baltasar”
estaba estupefacto
afuera se oía el bufido de las bestias
“vamos vamos que se nos hace tarde” dijo alguno.

me levanté de un salto
caminé despacio hasta la sala
sobre los zapatos había una gran caja
tenía escrito algunos símbolos incomprensibles
abajo a la derecha se leía “Made in Taiwan”.

nunca perdí la esperanza
Mónica Bellucci sería mía.-





aldo luis novelli
poeta – narrador – ensayista
neuquén – patagonia - argentina




Ensayos inéditos.


La canción infinita

El cantante ya era conocido, ya había hecho su carrera con letras propias y profundas, y acordes poco gastados.
Pero esa noche, miró al público, elevó los ojos hacia el cielo de cal y se quedó mirando fijamente hacia adelante unos instantes interminables.
El silencio se hizo más denso.
Entonces repentinamente arrancó con un estribillo pueril:

Te amo, mi paloma, no me abandones
No puedo estar sin ti, te ruego me perdones.

Y se quedó mirando al público, y ante la quietud general, repitió el estribillo:

Te amo, mi paloma, no me abandones
No puedo estar sin ti, te ruego me perdones.

Luego observó detenidamente, vio algunos gestos incómodos, miradas recelosas, entonces como los viejos payadores, empezó a componer en ese momento, letra y música que respondían a los diversos y cambiantes impulsos y gestos del público.

La canción fue un éxito.
La gente aplaudió como nunca.

Ellos sintieron por primera vez que habían participado, ellos habían compuesto su propia canción, física y colectivamente.
Ellos padecieron y gozaron. Ellos fueron creadores y actores del suceso, y comprendieron por primera vez el sentido profundo de la libertad y la solidaridad.

A partir de esa noche ya no fueron los mismos.
A partir de esa noche ellos sufrieron y lucharon por esos pies descalzos que corrían y se lastimaban a su lado, y nunca antes habían visto.-//




Para quién se escribe?


Empecé a escribir en la pubertad para mí mismo. encerrado en mi pequeña torre de marfil, una miserable pensión de una ciudad nefasta.
Un día abrí la puerta y salí al mundo y descubrí que nadie me conocía, que el mundo era inmenso y ajeno, entonces regresé a mi buhardilla y me puse a escribir para el mundo. Salía a caminar, hablaba con desconocidos y escribía sus historias de fracasos y deseos irrealizables.
Hasta que un día, el mundo entró en mi habitación y me empujó afuera, entonces ya no era el mismo mundo, tuve que ganarme el pan y encontré hombres y mujeres que no tenían pan en su mesa.
En esa época, golpeado y pisoteado por las patas salvajes del mundo, empecé a escribir para cambiar ese mundo, empuñé un arma cargada de futuro y salí a luchar por maravillosas e inalcanzables utopías.
Hasta que el mundo con sus golpes me laceró el cuerpo, me encerró en una cueva oscura y me gritó: “perdiste estúpido idealista, nosotros ganamos”, entonces, en ese oscuro hueco me puse a escribir para salvar mi propio culo.
Después los años sucedieron a los días y cuando me detuve a mirar para atrás, vi el camino lleno de pozos y sucios charcos, el camino que ya no se puede volver a pisar.

Hoy, con más derrotas que amores, escribo únicamente para el verdulero de la esquina, mi amigo Andrés.
Cada vez que edito un libro, al primero que se lo llevo es a Andrés.
Él no lee poesía, ni literatura ni nada que no sea el diario cada mañana, dice que allí está todo: novelas policiales, dramáticas, amorosas, históricas, política y religión, humor y fantasía, belleza y obscenidad, vida y muerte y que no necesita más, y tiene razón.
Pero yo igual le llevo mi libro. Él lo abre y lee el primer poema, si lo entiende y le gusta lee el segundo, en cuanto encuentra uno que no le gusta, cierra el libro y lo coloca en el único estante de la verdulería que oficia de biblioteca.
Nunca más lo abre.

No se bien cuanto ha leído de mis libros. Una noche de asado y truco, abarrotados de bestias y ahítos de vino, me confesó secretamente que un libro lo leyó completamente, otro lo puso en el estante después del primer poema.
No se cuales son, y nunca lo sabré seguramente, pero yo me siento bien con este pacto entre escritor y lector que hemos desarrollado.
Además como él dice, su biblioteca de un solo estante, tiene únicamente mis libros, y agrega socarronamente, los libros del mejor poeta que conoce, del único que conoce.
Es para mí, un orgullo personal que ningún otro escritor puede darse.
Todos mis fracasos están allí, y ese es mi gran éxito, único, imbatible, entre todos los escritores y poetas del mundo.
Por lo tanto amigos y poetas, les comunico en este instante, que seguiré escribiendo hasta que me muera, para mi amigo Andrés, el verdulero de la esquina.



aldo luis novelli

jueves, 9 de diciembre de 2010

La periodista Amalia Eizayaga y una mirada "desde arriba"





La vida desde arriba

SAN SALVADOR DE JUJUY.- Hace siete años elegí Jujuy para vivir. Vine aquí desde Buenos Aires, atraída por un amor, mi amor, y la expectativa de disfrutar de una vida más tranquila que la porteña. Jujuy se veía como un lugar donde formar una familia y poder, en los hechos, compartir tiempo en común.

Unos meses antes de mi llegada a esta bella provincia, un matrimonio de amigos escritores me invitó a su casa a almorzar. Allí me contaron su experiencia de venir de lejos y de elegir el interior, en lugar de la “gran urbe”. Me hablaron de una tierra que los cobijó y les permitió crecer y ver crecer a sus hijos. Pero me hablaron también de los mitos, de las dificultades; me previnieron de algunas rencillas pueblerinas y de que nunca perdería, para los demás, mi condición de “extranjera“ en mi propio país. Fue un encuentro que selló de alguna manera mi vida en esta ciudad y que demarcó un punto de vista que aún hoy perdura cuando me veo a mí misma circulando por las calles de un distrito en el que no nací.

“La vida acá se ve como desde arriba”, me dijo ella ese día, acompañando la frase con un gesto de su mano, cuando habíamos vuelto de su casa a la ciudad y caminábamos por la calle Belgrano, la principal. Ella sonrió con ganas y yo la imité como en un acto reflejo. Inmediatamente me propuse recordar aquella frase aparentemente inocente porque, intuía, tendría sentido para mí, más adelante. Claramente no hacía semejante declaración porque creyera que los demás, allá “abajo“, eran pobres mortales mientras ella gozaba de un estado de superioridad del pensamiento, me pareció. No era su estilo. Con el tiempo me di cuenta de que se trataba, sin dudarlo, de una experiencia geográfica, en la que las palabras habían sido atravesadas por el lugar de residencia y la altura sobre el nivel del mar, como si el mundo no fuera redondo sino plano y estuviera -mágicamente- de pie. Como estamos los humanos.

Mirar “desde arriba” era -o es para mí, hoy- ir desde el Norte hacia el Sur, desde el interior del país a la capital, quizás; era -o es- poner al lugar no observado por otros lugares en el rol del observador puro. Era también mirar desde las elecciones personalísimas de qué sería lo importante y qué perdería relevancia a lo largo de los años. Todo, marcado por la geografía. Desde aquí los días se veían más simples, había otros tiempos; la vida que alguna vez ellos y yo habíamos vivido en la “gran ciudad”, donde pasamos nuestra infancia sin conocernos, donde la cultura y la inseguridad convivían y aún hoy conviven naturalmente, tenía otros apremios.

San Salvador de Jujuy comenzó a ser, entonces, una experiencia rara. Mis primeros contactos con la ciudad fueron contradictorios. Amaba las afueras, la Quebrada, la Puna y todo lo que había recorrido -unos muchos kilómetros- antes de elegirla. Amaba la cercanía de todo y que, en apenas unas pocas cuadras, pudiera resolver cuestiones tan básicas como los pagos, las compras, los trámites, los cafés. Pero me molestaba chocarme con la gente por las veredas estrechas, la basura tirada, los olores evitables, los paisajes desaprovechados, los peatones irresponsables y los automovilistas desaprensivos. Me sorprendía que muchos me reconocieran por la calle apenas llegada. Me molestaba la falta de anonimato; era para mí extraño salir a comer y ver que, en la mesa de al lado, y en la otra, y en la otra, muchos sabrían de mí. Añoraba -qué ilógico, pienso ahora- ser una más en el montón como me sucedía en esos bares porteños que visitaba casi a diario. Me dolía -y aún duele- la pobreza, en su interpelación permanente.

Al llegar intenté zambullirme en la literatura local. Así dí con una frase del escritor Raúl Galán, citada en reiteradas ocasiones por Héctor Tizón que transcribo en forma libre: en Jujuy, los pecados capitales los vemos caminar por la calle y tienen nombre y apellido. Sonreí cuando la leí. Lloré cuando descubrí su verdad universal.

Tengo ya tres hijos que nacieron aquí; la mayor de ellas, un 23 de agosto, fecha que, para mí, se convirtió en una señal de jujeñidad futura.

Me sigo preguntando de qué se trata aquella idea de “mirar desde arriba” que aún da vueltas por mi cabeza. Hoy, a siete años de haberme radicado aquí, creo que ese mirar es una oportunidad de no dar nada por sentado. Nacer en un lugar no implica asegurarse el futuro; elegir ese lugar, tampoco. De nada sirve que pasen los días si uno no puede tomar distancia de sí mismo y, desde otro lugar, mirarse, observarse a uno mismo y a su entorno. Y tomar decisiones.

Confieso que muchas de aquellas cosas que antes me molestaban de Jujuy hoy me encantan. La principal, creo yo, es saludar gente por la calle y tener la posibilidad de circular reconociendo a otros y que me reconozcan y armar rompecabezas con historias de carne y hueso. No tener nada que ocultar y poder mostrarme tal cual soy, con mis aciertos y enormes desaciertos. Pero sabiendo que puedo “mirar desde arriba”, es decir, que puedo despegarme de mí misma y cuestionar mi forma de vida y la de la ciudad que elegí como propia, con el solo fin de buscar una vida más plena. La geografía y la altura me invitan a hacerlo.

Agradecemos a Amalia Eizayaga este conmovedor y sutil artículo para nuestro blog.