domingo, 16 de mayo de 2010

Las lágrimas de Eros y el proceso de singularización en Shklovski


Georges Bataille, Las lágrimas de Eros. Trad. David Fernández. España, Tusquets, 1997

“Frecuentemente, en mí, la satisfacción de un deseo se opone al interés. ¡Pero me dejo someter por ella, pues se ha convertido bruscamente, en mi fin último!” (36)

“El sentido de este libro es, como primer paso, el de abrir la conciencia a la identidad de la ‘pequeña muerte’ y de la muerte definitiva: de la voluptuosidad y del delirio al horror sin límites.” (37)

“La mera actividad sexual es diferente del erotismo; la primera se da en la vida animal , y tan sólo la vida humana muestra una actividad que determina, tal ve, un aspecto ‘diabólico’ al cual conviene la denominación de erotismo. ”

“Aquellos que tan frecuentemente se representaron a sí mismos en estado de erección sobre las paredes de una caverna no se diferenciaban únicamente de los animales a causa del deseo que de esta manera estaba asociado -en principio- a la esencia de su ser. Lo que sabemos de ellos nos permite afirmar que sabían –cosa que los animales ignoraban- que morirían.” (41)

“[... ] las más antiguas sepulturas, que atestiguan ese conocimiento angustiado de la muerte[...]; para el hombre del Paleolítico inferior la muerte tuvo ya un sentido tan grave –y tan evidente- que le indujo, al igual que a nosotros, a dar sepultura a los cadáveres de los suyos.” (42)

“[...] estas profundas cavernas fueron, de hecho, consagradas a lo que es, en profundidad, el juego, el juego que se opone al trabajo, y cuyo sentido radica, ante todas las cosas, en obedecer los dictados de la seducción, en dar respuesta a la ‘pasión’. Ahora bien, la pasión, en principio introducida allí donde aparecían figuras humanas, pintadas o dibujadas en las paredes de las cavernas prehistóricas, es el erotismo.” (66)

“Existe quizás un aspecto paradisíaco del primer erotismo, del que encontramos, en las cavernas indicios. Pero este aspecto no está claro. Es seguro que a su ingenuidad infantil se opone ya cierta gravedad.
Trágica... Sin la menor duda.
Al mismo tiempo, desde el principio, cómica.
Ocurre que el erotismo y la muerte están vinculados.
Al mismo tiempo, la risa y la muerte, la risa y el erotismo están vinculados...
Hemos visto ya la vinculación entre el erotismo y la muerte en lo más profundo de la caverna de Lacaux.
Se produce aquí una extraña revelación, una revelación fundamental. Pero sin duda, es tal, que no podemos sorprendernos por el silencio –por el incomprensible silencio- que primeramente acogió un misterio tan excesivo.
La imagen es tanto o más extraña en la medida en que el muerto con el sexo erecto tiene cabeza de pájaro, cabeza animal, y tan pueril que confusamente quizás y siempre en la duda, surge el aspecto risible.
LA proximidad de un bisonte, de un monstruo que, perdiendo sus entrañas, agoniza, de una especie de minotauro que, aparentemente, aquel hombre muerto e itifálico ha matado antes de morir él.
Indudablemente, no existe en el mundo otra imagen tan cargada de cómico horror; y por lo demás, en principio, tan ininteligible.
Se trata de un enigma desesperante, de una risible crueldad, que se asienta en al aurora de los tiempos. En realidad nos e trata de resolver este enigma. Pero aunque sea cierto que carecemos de los medios para resolverlo, no podemos eludirlo; sin duda es ininteligible, pero al menos nos propone vivir en su inaccesibilidad.
Nos pide, siendo la primera prueba humanamente establecida, descender al abismo abierto en nosotros por el erotismo y la muerte.” (68-69).

“ [...] en esta cerrada profundidad, se confirma un acuerdo esencial y paradójico, acuerdo que se hace más crucial en la medida en que se declara en esa inaccesible oscuridad . Este acuerdo esencial y paradójico es el existente entre la muerte y el erotismo.
Esta verdad, sin duda, no ha cesado de confirmarse. No obstante, aunque se confirma, no deja de estar oculta. Ellos es propio tanto de la muerte como del erotismo. En efecto, una y otro se ocultan : se ocultan en el instante mismo en que se revelan...
No podíamos imaginar una contradicción más oscura y mejor urdida para asegurar el desorden de las ideas. “ (70)

“ ‘El enigma del pozo’ es uno de los más grandes y, al mismo tiempo, es el más trágico de los enigmas de nuestra especie. El lejanísimo pasado del que emana explica el hecho de que se plantee en términos cuya excesiva oscuridad es sorprendente. Pero, al fin y al cabo, la oscuridad impenetrable es la virtud elemental de todo enigma. Si admitimos este paradójico principio, el enigma del pozo, que responde de una forma tan extraña y perfecta al enigma fundamental, al ser el más remoto, aquel que la humanidad remota propone a la actual, y el más oscuro, acaso sea el que más está cargado de sentido.
¿No está cargado, en efecto, del misterio inicial que a sus ojos significa la llegada al mundo, la aparición inicial del hombre? ¿Acaso no vincula, al mismo tiempo, este misterio al erotismo y la muerte?” (70-71).

“Al considerar el erotismo, el espíritu humano se encuentra ante una dificultad fundamental .
El erotismo, en cierta manera, es risible...
La alusión erótica es siempre capaz de provocar la ironía.
Incluso hablar de las “lágrimas” de Eros, lo sé, puede prestarse a risa... No por eso es Eros menos trágico. Pero ¿qué digo? Eros es ante todo el dios trágico.
Sabemos que el Eros de los antiguos tuvo un aspecto pueril: estaba representado por un niño.
Pero, ¿no es el amor, al fin y al cabo, tanto más angustioso porque hace reír?
El fundamento del erotismo es la actividad sexual. Ahora bien, esta actividad, se halla al alcance de la prohibición. ¡Es inconcebible!, ¡está prohibido hacer el amor! A menos que se haga en secreto.
Pero, si lo hacemos en secreto, la prohibición transfigura, ilumina lo que prohíbe con una luz siniestra y divina a la vez: en pocas palabras, lo ilumina con un resplandor religioso. (86)

Lo prohibido confiere un valor propio a lo que es objeto de prohibición. A menudo, en el instante mismo en que percibo la intención de reprimir, me pregunto si, al contrario, no he sido disimuladamente provocado. (86-87)
Lo prohibido da a la acción prohibida un sentido del que antes carecía. Lo prohibido incita a la transgresión, sin la cual la acción carecería de esa atracci´´on maligna que seduce... Lo que hechiza es la transgresión de lo prohibido...
Pero esa luz no es sólo la que desprende el erotismo. Ilumina la vida religiosa siempre que entra en acción la violencia total, la violencia que interviene en el instante en que la muerte corta el cuello de la víctima acabando con su vida.

¡Sagrado!
En principio, las sílabas de esta palabra están cargadas de angustia; el peso que soportan es el de la muerte en el sacrificio...
Toda nuestra vida está cargada de muerte...
Pero, en mí, la muerte definitiva tiene el sentido de una extraña victoria. Me baña con su luz, provoca en mí una risa infinitamente alegre: ¡la risa de la desesperación!...

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Si en estas pocas frases no me hubiera ceñido al instante en que la muerte destruye al ser, podría hablar de esa pequeña muerte a la que, sin morir realmente, sucumbiría con un sentimiento de triunfo.

6. El erotismo trágico

Hay en el erotismo, finalmente, mucho más de lo que estamos dispuestos a reconocer. Hoy en día, nadie se da cuenta de qe ele rotismo es un universo demente, cuya profundidad, mucho más allá de sus formas etéreas, es infernal. (87)

He dado una forma lírica a la idea que propongo, que afirma el vínculo existente entre la muerte y ele rotismo. Pero, insisto: el sentido del erotismo se nos escapa si se nos presenta con una abrupta profundidad. En principio, el erotismo es al realidad más conmovedora, pero, al mismo tiempo, la más innoble. Incluso después del psicoanálisis, los aspectos contradictorios del erotismo son innumerables: su fondo es religioso, horrible, trágico e incluso inconfesable, ya que es divino...” (88)


“Llegados a este punto, intentaré explicarme sobre el sentido religioso del erotismo.
El sentido del erotismo escapa a quienquiera que no considere su aspecto ‘religioso’. Recíprocamente, el sentido de las religiones, en general, escapa a quien olvide el vínculo existente entre éstas y el erotismo. [...]
Está en la esencia de la religión el oponer a los otros los actos culpables, para ser más exactos, los actos prohibidos. En principio, la prohibición religiosa evita un determinado acto pero, al mismo tiempo, puede conferir un valor a lo que evita. A veces es posible o incluso está prescrito violar lo prohibido, transgredirlo. Pero, ante todo, lo prohibido impone el valor –un valor en principio peligroso- de lo que rechaza: en términos generales, este valor es el ‘fruto prohibido’ del primer libro del Génesis.
Volvemos a encontrar este valor en las fiestas, en el curso de las cuales está permitido –incluso se exige- lo que normalmente está excluido. La transgresión, en tiempo de fiesta, es precisamente lo que da a la fiesta un aspecto maravilloso, el aspecto divino. Entre los dioses, Dionisos está esencialmente vinculado a la fiesta. Dionisos es el dios de la fiesta, el dios de la transgresión religiosa. Está considerado como el dios del vino y de la embriaguez. Es un dios ebrio, es el dios cuya esencia divina es la locura. Pero para empezar, la locura en sí es de esencia divina. Divina en el sentido de que rechaza las reglas de al razón. (90)
Tenemos la costumbre de asociar la religión a la ley y la razón. Pero si nos atenemos a lo que, en su conjunto, fundamenta las religiones, deberemos rechazar este principio. (90-91)
Sin duda, al religión es básicamente subversiva; desvía el cumplimiento de las leyes. Al menos, impone el exceso, el sacrificio y la fiesta, cuya culminación es el éxtasis”. (91)

“Al rechazar el aspecto erótico de la religión, los hombres la han convertido en una moral utilitaria... el erotismo, al perder su carácter sagrado, se convirtió en algo inmundo...” (91-92)

“Hemos visto que, en el mundo antiguo, y cada vez más, el fin de la religión fue la vida de ultratumba, atribuyendo al resultado final el valor supremo y quitándole este valor a lo momentáneo. El cristianismo insistió en ello; únicamente confirió al goce de lo momentáneo un sentido de culpabilidad respecto al resultado final. Desde la perspectiva cristiana, el erotismo comprometía o, al menso, retardaba la recompensa final.
Pero esta tendencia tuvo su contrapartida; el cristianismo, (97) mediante la condenación, tuvo su equivalente opuesto: el fuego del infierno.

De este modo surgió els atanismo. Al ser el satanismo la negación del cristianismo, tuvo un sentido en la medida en que el cristianismo representaba la verdad. (Sin embargo, la negación del cristianismo coincidía con la búsqueda del olvido.)
El satanismo tuvo su importancia –principalmente hacia el fin de la Edad Media, e incluso después-, pero su origen le privaba de viabilidad. El erotismo estuvo vinculado a este drama. Fatalmente, el satanismo, desde la maldición de la que Satán fue víctima, arrastró a sus fieles a la desgracia que le afectaba. Indudablemente, intervino la posibilidad de error: el demonio, según parecía, tenía el poder de dar suerte. Pero, al fin y al cabo, tal apariencia fue decepcionante. La Inquisición se encargó de acabar con el engaño.
Esa suerte, sin la que inevitablemente el erotismo tuvo como resultado su opuesto, es decir, la desgracia, sólo se logró mediante la tergiversación. Pero al ser tergiversado, el erotismo perdió toda su grandeza y se convirtió en una trampa. A la larga, la trampa del erotismo pareció su esencia. El erotismo dionisíaco era una afirmación -en parte sádica, como todo erotismo- pero, sumida en esa relativa trampa, tal afirmación fue tergiversándose.” (100)

“La Edad Media otorgó un lugar al erotismo en la pintura: ¡lo relegó al infierno ! Los pintores de esa época trabajaban para la Iglesia y, para la Iglesia, erotismo significaba pecado. Sólo podías ser introducido en la pintura bajo el aspecto de la condenación. Únicamente fue permitido en representaciones del infierno o, como máximo, simbolizando repugnantes imágenes del pecado.
Las cosas cambiaron a partir del Renacimiento y cambiaron –en Alemania principalmente, incluso antes del abandono de (100) las formas medievales- desde el momento en que algunos coleccionistas compraron obras eróticas.” (101)

“Las obras de Alberto Durero, Lucas Cranach o Baldung Grien todavía reflejan la incertidumbre de aquella época; por esto, su componente erótico es, de alguna manera, angustioso. No se asienta en un mundo abierto a la complacencia”. (103)

“Desde el principio, al entrar en este mundo de un erotismo lejano y a menudo brutal, nos encontramos ante la horrible concordancia entre el erotismo y el sadismo.
En las obras de Alberto Durero, el vínculo entre erotismo y sadismo apenas es menos patente que en las obras de Cranach o de Baldung Grien. Pero Baldung Grien vincula la atracción dele rotismo a la muerte –y no al dolor- , a la imagen de una muerte todopoderosa que nos aterra, pero que nos arrastra mediante el pavoroso hechizo de la brujería. Más adelante, estas asociaciones desaparecerán: ¡El Manierismo liberó al pintura! Pero el erotismo verdaderamente libertino no se abrió paso, seguro de sí mismo, hasta el siglo XVIII.” (122)

(Goya) “ [...]en cierto modo, el erotismo es la salida, la infame escapatoria del horror” (181)

“Pero, a medida que evita la violencia, gana mediante la conciencia lo que pierde en ciega brutalidad. Esta nueva orientación fue paulatinamente reflejada con fidelidad, particularmente en la pintura. La pintura escapa al estancamiento idealista. Incluso mediante estas libertades que la pintura se toma respecto a la exactitud y al mundo real, ante todo quiere eliminar el idealismo. Es posible que, en cierto modo, el erotismo vaya al encuentro del trabajo, pero en ningún caso esta oposición es vital. De ninguna manera es el goce material lo que hoy en día amenaza a los hombres. El goce material, en principio es contrario al incremento de las riquezas. Pero el incremento de las riquezas es –al menos en parte- contrario al placer que tenemos derecho a esperar de ellas. El aumento de las riquezas conduce a la superproducción, cuya única salida es la guerra. No digo que el erotismo sea el único remedio a la amenaza de la miseria, vinculada al incremento irracional de las riquezas. Mucha dista de ello. Pero, sin el cálculo de las diversas posibilidades de consumo, opuestas a la guerra, de las que el placer erótico _consumo de energía al instante- es el modelo, seríamos incapaces de encontrar una salida que fundamentara la razón” (186, 187 y 194).

“¿Manierismo? [...] en el sentido en que interpreta la tensión de la violencia, sin la cual nos sería imposible liberarnos de lo convencional.” (195) “¡el manierismo es la búsqueda de lo febril! [...]
Hoy en día nadie reserva la palabra surrealismo a la escuela que, bajo este nombre, quiso reclamar para sí André Bretón, yo siempre he preferido hablar de manierismo; quiero indicar aquí la unidad fundamental de las pinturas cuya obsesión es interpretar lo febril: la fiebre, el deseo, la pasión ardiente. Pero no quiero tener en cuenta el artificio que la palabra sugiere [...] La característica esencial de los pintores a los que me refiero es su odio por lo convencional. Sólo por esta razón se prendaron dela rdor del erotismo, [...] ” (197)

“En los dos capítulos precedentes, he querido reflejar la transición de un erotismo desmesurado a un erotismo consciente.
¿Tendría un sentido decadente el apso de la violencia desenfrenada de la guerra a la tragedia representada?
Desde el punto de vista humano, ¿tiene el combate el interés de la tragedia? Al fin y al cabo, la pregunta es desgarradora.
El primer paso nos lleva a descartar el interés de la comedia...

Una sensación de caducidad nos abruma si oponemos el cálculo racional al desenfreno sin medida, a la ausencia de miedo...
No obstante, ya lo sabemos, no accedemos enseguida a la abundancia de la posibilidad. Como la venganza -ese plato que se come frío-, el conocimiento, embelesado, pero claro y evidente de nuestros recursos, desea el aplacamiento de la violencia, el enfriamiento relativo de las pasiones. Algunos hombres sólo consuman sus posibilidades en dos tiempos: primero, el de su desenfreno; segundo el de laconciencia, pero también debemos, desde el principio, advertir que, conforme a esta humanidad en al que estamos encerrados, la lucidez de la conciencia significa el enfriamiento de la pasión. Vinculada a la conciencia, estimamos la inevitable decadencia... Y no es menos cierto este (207) principio: no podemos establecer diferencias entre lo humano y la conciencia...
Lo que no es consciente no es humano.” (209)

“¿Podría aparecer en un solo instante el sentido de un momento preciso? Es inútil insistir; sólo la sucesión de los momentos esclarece. Un momento sólo tiene sentido con relación a la totalidad de los momentos. No somos más que fragmentos sin sentido si no los relacionamos con otros fragmentos. ¿Cómo podríamos reflejar el conjunto acabado?” (210)

“A través del tiempo, el sacrificio sangriento abrió los ojos del mundo a la contemplación de esa realidad excesiva, sin medida común con la realidad cotidiana
y que, en el mundo religioso, recibe el extraño nombre de lo sagrado.”(243)

“[...] ilustrar un vínculo fundamental: el existente entre el éxtasis religioso y el erotismo –y en particular el sadismo- [...]”(247)

“Lo que súbitamente veía y me angustiaba –pero que al mismo tiempo me liberaba- era la identidad de estos perfectos contrarios, oponiendo al éxtasis divino un horror extremo.” (249)

“Tal es, en mi opinión, la inevitable conclusión de una historia del erotismo. Pero debo añadir lo siguiente: limitado a su ámbito propio, el erotismo no hubiera podido acceder a esta verdad fundamental, reflejada en el erotismo religioso, es decir, la identidad del horror y de lo religioso. La religión en su conjunto, se fundamentó en el sacrificio. Pero sólo un interminable rodeo ha permitido acceder al instante en el que, visiblemente, los contrarios aparecen vinculados, donde el horror religioso, reflejado, como sabemos, en el sacrificio, se vincula al abismo del erotismo, a los últimos sollozos que sólo el erotismo ilumina” (249-250).



Shklovski, V. “El arte como artificio” (En: Jakobson, Tinianov, y otros. Teoría de la literatura de los formalistas rusos. Antología preparada y presentada por Tzvetan Todorov. Octava edición. México, Siglo XXI, 1997).

“Esta manera de ver los objetos fuera de su contexto condujo a Tolstoi a aplicar el método de singularización en sus últimas obras a la descripción de dogmas y de ritos, método a partir del cual sustituía las palabras habituales del uso religioso por palabras de uso corriente. El resultado es algo extraño, monstruoso, considerado por mucha gente como una blasfemia que les ha herido dolorosamente. Sin embargo, se trataba siempre del mismo procedimiento con cuya ayuda Tolstoi percibía y relataba lo que lo rodeaba. Las percepciones de Tolstoi sacudieron su fe al rozar objetos que durante largo tiempo no había querido tratar.” (65)

“[...] la imagen no es un predicado constante para sujetos variables. Su finalidad no es la de acercar a nuestra comprensión la significación que ella contiene, sino la de crear una percepción particular del objeto, crear su visión y no su reconocimiento.
El arte erótico nos permite la mejor observación de las funciones de la imagen. El objeto erótico se presenta frecuentemente como una cosa jamás vista.” (65)

“Pero la singularización no es únicamente un procedimiento de adivinanzas eróticas o de eufemismo: es la base y el único sentido de todas las adivinanzas. Cada adivinanza es tanto una descripción, una definición del objeto por medio de palabras que no le son habitualmente aplicadas [...] como una singularización fónica obtenida con la ayuda de una repetición deformante [...]” (67)

“El procedimiennto de singularización es completamente evidente en la imagen popular de la prosa erótica [...] (67)

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